#YoNoMeQuito

Recientemente he escuchado mucho sobre el tema de los Puertorriqueños que, al verse en situaciones económicas o sociales precarias, han decidido mudarse a los Estados Unidos en busca de oportunidades. Muchos lo hacen con un diploma en mano y hasta los médicos y profesionales de la salud están huyendo porque no pueden sustentarse con los bajos ingresos de la medicina socializada hasta cierto punto por la necesidad y el gobierno. Los únicos haciendo dinero son las empresas extranjeras, algunos pequeños negocios y los ricos que se han trasladado a la isla para ahorrarse los “taxes”.

La Isla del Encanto esta en la orilla del barranco financiero pero no puede acogerse a las Leyes de Quiebra o Capítulo 9 porque el gobierno Estadounidense decidió que ésta no aplicaría a Puerto Rico desde el 1984 en adelante. Antes, los intereses en la islita al parecer no eran apremiantes o alguien pensó que nunca quebraría. Al final del caso, el “issue” es que en los 80 bajitos las leyes que regían a la colonia cambiaron de tal manera que ahora mismo no puede salvarse sola. Cuando el barco se empieza a hundir, las ratas son las primeras que se bajan del barco.  En este caso desgraciadamente los primeros en irse fueron los últimos en llegar: los jóvenes.

Según el reportaje de John Oliver, 80 mil personas se fueron de Puerto Rico en el 2015, y por lo menos un doctor al día se va de la Isla (pero no menciona la cifra de los que los reemplazan). El 45% de la población vive por debajo de la línea de pobreza. Eso es impresionante, mas quiere decir que la mitad de los boricuas en la isla están pagando los impuestos y gastos del gobierno local. O sea, que de los que se quedaron no todos reciben ayuda o tienen empleo; cuando las farmacéuticas cerraron y los incentivos de contribuciones expiraron el pueblo se quedó arrollao.

Mi pregunta entonces es: Si los que se quedaron son víctimas, los que nos fuimos, ¿qué somos? ¿Traidores? ¿Exiliados? Para allá para el 2005 cuando me monté en el avión y me mudé al Noroeste de los Estados Unidos de América, no era la moda escaparse del paraíso tropical. Éramos una excepción y no la regla. Once años después la crisis está tan grave que hay quien nos considera exiliados, pues hemos sido víctimas de los problemas sociales de la droga y el triple B, baile/botella/baraja, al nivel que no hay a dónde ni por qué regresar. Si no fuera por las playas, la comida, el calor humano y la familia que dejé atrás nunca volvería. Soy turista,  un extranjero, en mi propia patria.

Para los que el viaje ida fue una necesidad y no un lujo, ser exiliado personifica la lucha interna del Puertorriqueño promedio: soy ciudadano de USA pero a la vez lo soy en segunda clase. Al salir del aeropuerto e instalarme en un estado gané todos los privilegios que tienen los conquistadores sobre los conquistados. Mi isla no se puede gobernar sola sin la aprobación de las leyes de cabotaje y del congreso, que les priva de los derechos federales a los residentes por no estar anexionados. El Commonwealth es una ilusión óptica para calmar a las masas y aplacar a las Naciones Unidas. Somos gente conquistada sin nacionalidad, emigrantes en nuestra nación madre. Los que estamos acá ahora somos parte del problema y no de la solución. ¡Qué dios nos coja confesaos!

La llamada Guerra contra los Boricuas lleva décadas siendo peleada en las salas del Congreso y de la capital. Desde el principio decidieron que no éramos merecedores del libre albedrío y potestad pues las criaturas analfabetas de la isla no eran gente pulcra y decente. Cien años después esos mismos líderes que nos oprimieron pretender tomar riendas de nuestra economía a través de una junta fiscal llamada Promesa, que es mejor conocida como la HR 4900 que nos podría salvar el fundillo colectivo Boricua pero con graves consecuencias. El salario mínimo cambiaría a menos de $5 USD en ciertas circunstancias y la junta tendría potestad de como se pagaría la deuda. Al parecer los gringos quieren que los Hedgefunds se queden con el canto y asaltar a la isla aún mas, de manera similar a lo que pasó en Alaska y Hawaii antes de que se les otorgara la estadidad.

Lo triste del caso es que a raíz de esta medida que no cambia la ley de quiebra y no ayuda a aliviar la taza de 11% de impuesto por venta que ya plaga a la isla, la gente trabajadora y clase media se está yendo. Irónicamente, yo trabajo diseñando aviones, muchos de los cuales han ayudado a vaciar el país y contribuido al escape de talento. No todos queremos volver o mejorar la calidad de vida en la isla pero estamos de acuerdo que perder capital humano no era la intención tampoco. Nuestros descendientes quizás nunca sabrán lo que era vivir y criarse en Puerto Rico porque les vamos a decir que no les conviene comparado con las libertades que tienen por acá. Eso sí que está brutal. Color de hormiga brava está la cosa.

Mientras la crisis se apacigua y los que están en la isla reman y cubetean para que el barco se mantenga a flote, yo apoyaré desde mi rincón del mundo los esfuerzos y enviaré fondos para comprar parchos y ponchos. No me da para mucho más. En ese aspecto me considero un exiliado pues no creo poder volver al Puerto Rico de ayer y pedazo de mi alma pues ya no existe. Como dice Lin-Manuel Miranda, son 100 millas que necesitan alivio, no rescate. Con que apaguen la pluma que le hecha agua al barco le da al gobierno para poder recuperarse y planificar como proteger nuestro patrimonio cultural de los embaucadores. Si no, por ahí veo venir el letrero de se vende al mejor postor…

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Create a free website or blog at WordPress.com.

Up ↑

%d bloggers like this: