El valor de la semana

Cuando era pequeña y estudiaba en colegio católico, las maestras nos asignaban un valor cada semana a los grupos de clases para que hicieran una presentación durante la asamblea mañanera. Recuerdo claramente el día que mis compañeros y yo presentamos una obra sobre la perseverancia utilizando a Charlie Chaplin como nuestro personaje principal. Todo fue teatro narrado, como las películas del ayer, y fue todo un éxito. De ahí en adelante mis amigos y yo cargabamos tanto el orgullo de haber cautivado al público y de haber representado tan memorablemente a la perseverancia.

Siempre me he preguntado porqué la gente no celebra mas sus valores. En la televisión y en las noticias vemos mucho el “pecado” o lo prohibido. A duras penas se comunican las buenas noticias. Quizás es la falta de vocabulario y la necesidad de entretener a las masas lo que hace que nos enfoquemos en las cosas fáciles de comunicar: en los visuales de asesinatos y terrorismo. Hoy en día la vida no es sobre el valor de la semana y es más sobre la moda o la farándula. Pareciera que bien poca gente le somete al buen trabajo y a el progreso. Palabra clave, pareciera.

Somos más los buenos que los malos. Somos más los ciudadanos de provecho y tesón. No se deje comer la mente y piense que el mal está sobrepasando las buenas obras. La realidad es que el bien no vende porque la mayoría lo ve como aburrido. Portarse mal es la norma pues te da notoriedad. Es triste que en la sociedad de hoy en día le pongamos mas énfasis al entretenimiento que a la calidad de la información. Con tanto teléfono celular con internet ilimitado y Google deberíamos ser tan inteligentes como nuestros dispositivos. Como no valoramos la educación nos quedamos brutos a propósito porque es mas fácil ser ignorante y no sentir disonancia cognoscitiva a ver la realidad y ayudar a mejorarla.

Con todos los tiroteos y ataques recientes, ahora mas que siempre hay que perseverar y no dejar que se pierdan nuestros valores. No es un llamado a juzgar a los que deciden no seguir las reglas sociales o religiosas, es un llamado a poner en alto aquello que llevamos en el corazón: la caridad, el servicio, el amor y la bondad hacia el prójimo. Somos más los que llevamos el mensaje de la paz y el conocimiento en esta tierra que los que atentan contra el bien común. Está en nosotros volver a poner humanidad y humildad en todo lo que hacemos y logramos. No importa lo que presumas, lo que importa es lo que constituye tu personalidad y lo que llevas en el alma. No tengas miedo a perseverar y a cambiar al mundo. El universo conspira para que todos seamos felices si cooperamos y nos ayudamos mutuamente.

¡Abrazos!

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